11 agosto, 2015 serviesco

Policía evito atraco y se enfrento a tres atracadores

Primero que todo, llego de almorzar de mi casa. Cada vez que salgo de mi casa me aferro a Dios, que me vaya bien en mi trabajo, que Él me cuide y Él me guíe.
A eso de las 4 de la tarde, (jueves 6 de agosto de 2015) la central de comunicaciones de la Policía Nacional me informa que se había activado la alarma del banco. (Banco Finandina, calle 75 con carrera 58). De inmediato me dirijo hacia allá. El banco tiene los vidrios polarizados y no puedo ver qué está pasando en el lado de adentro porque me tapa la oscuridad de los vidrios.
Cuando yo entro uno de los sujetos me saca el arma de fuego y me dice quieto! Me la pone en el lado derecho de las costillas. En ese momento yo lo empujé. Eran dos. No había visto al otro porque estaba escondido detrás del muro. Cuando yo lo empujo, ellos se caen los dos. Enseguida, el que está detrás del muro sale y me comienza a disparar. Me disparó cinco veces. Cuando él me impacta, me impacta dos veces, y me iba cayendo, yo lo logro impactar a él también.
Después, el sujeto que está disfrazado con uniforme de Claro, coge el arma y se le encasquilló.
Había otro sujeto que estaba vestido con uniforme de Servientrega y el sujeto que estaba vestido con el uniforme de Claro le quita el arma y se fue. Subiendo por las escaleras hay una ventana. Por ahí salió para un patio, según me cuenta la gente, que salió para un patio.
El sujeto con uniforme de Servientrega está impactado en la mano y en la pierna y me dice No me mates, no me mates que yo no voy a hacer más nada. Le digo quieto! Mira que yo estoy solo, quieto! El ahí se queda quieto. Yo cojo las dos armas de fuego. La del sujeto que disparó cinco veces y la que se encasquilló. Porque el sujeto con el uniforme de Claro se llevó el otro arma de fuego. Las dos armas me las pongo debajo de la espalda y me quedo acostado. Y comienzo por el radio de comunicaciones a decirle a la Central que me ayuden que estoy herido. El sujeto de Servientrega dice di que yo también estoy herido, di que me ayuden a mi también, que yo también estoy herido.
En ese momento pensé en mi familia. Pensé en Dios, que es lo primero que uno tiene tener siempre en su mente para poder salir adelante.
Recibí dos disparos en el abdomen. Pero así herido logré impactar a dos de ellos.
Apenas yo pedí apoyo, mis compañeros llegaron al instante. No pasaron ni tres segundos cuando llegaron los compañeros y me montaron en un vehículo y me llevaron hasta donde me llevaron.
Nunca había pensado en encontrarme en una situación como esa. Pero un hermano, muy allegado a mi, ya había soñado con el acto que me iba a suceder. Sino que no había podido hablar conmigo y no me había contado. Pero ya él tenía conocimiento. El lee mucho la Biblia y asiste a los cultos.
Afortunadamente en ese momento tenía el arma cargada y cuando alcancé a reaccionar ya estaba herido. Aun así puede accionar mi arma.
En ese momento estaba en juego mi vida, la de los clientes, la de los recepcionistas del banco y el personal que se encontraba afuera también. Porque una bala se puede disparar y no se sabe hacia donde llegar el proyectil. Por eso tuve pensamientos y verificar lo que tenía que hacer en ese momento.
En momento tuve que tener la calma. Cuando me desesperé fue cuando me vi que estaba herido y que no podía más. Sentía que se me iba a reventar el abdomen. Recibí dos impactos y perdí tres pintas de sangre.
Ahora, durante la recuperación, he pensado mucho. Por eso le digo a mis compañeros que antes de salir de sus casas que siempre salgan con la felicidad de sus casas. Que no se lleven los problemas para la calle. Que los dejen en sus casas si es que los tienen. Siempre al levantarse aférrense a Dios. Dios es el que todo lo puede. Sin Él no hay ninguna clase de apoyo. En ese momento me di cuenta que Él estaba conmigo, me cubría y me ayudó a salir adelante.
Ahora que me encuentro en la ciudad de Bogotá he visto manifestaciones de apoyo y solidaridad. Todos mis compañeros me han apoyado. Todos me llaman. Me dicen que si me falta algo. Lo único que les quiero decir es que ante todo está Dios y que se aferren a Él. Mientras ellos oren por mi, yo voy a salir bien de esto.
Una vez me recupere, seguiré en la institución. Normal. Es un caso que pude reaccionar y seguimos trabajando. De igual forma es un trabajo donde la ciudadanía y la comunidad lo debe valorar porque a veces dicen que los policías son lo peor, son lo malo, pero no es así. Nosotros como policías todos los días arriesgamos nuestras vidas, dejamos la familia en casa, sin saber si volvemos o no volvemos. Así como casi me sucede a mi.
Quiero decirles además a la comunidad que tengan fé en la Policía y confianza. Los agentes son buenas personas y les colaboraran en todo lo que puedan. Ellos son un amigo más para la comunidad.

Fuente: Zonacero

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